Café y más café

Estoy casi inapetente. Tal vez me tomé en serio eso de cuidar el peso después de haber subido tanto con el alto auspicio del Sr. litio y ácido valproico. No sé. Ahora mi alimento principal es el café; uno de los pocos acompañantes que me anima a seguir trabajando, produciendo mi reproducción cotidiana, mis condiciones materiales de existencia.

He notado mi rechazo a salir a la calle. ¿Fobia social? Tal vez, aún no me animo a volver a salir por ahí a recorrer las calles y encontrarme con quienes puedo encontrarme. Creo que tuve una sobredosis de reuniones y ahora solo quiero descansar de aquello.

Ahora me figuro con un café y un cigarro humeante que me mira implacable como diciéndome “a mi no quieres abandonar como a los otros”. Claro, ya que le estoy dando atributos humanos a un simple envoltorio de tabaco. Qué más me queda con el resto de las cosas.

Ahora el espejo me mira, el lápiz me escribe, el libro me lee y la ropa se viste de mi.

Como sea, voy por otro café que este ya se acabó.

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