Vivir de la mano conmigo y los demás

Me tomó años en asumir que los vendavales en los que me he visto envuelta son producidos por algo que se comporta de manera crónica. No es que no ponga en tela de juicio los avances de la siquiatría en la materia; creo que en la medida que incorpore abiertamente la perspectiva de quienes convivimos con la bipolaridad, está bien. Lo cierto es que en mi sé que algo no funciona y la verdad funciona re mal. Sin embargo, hoy por hoy esa marea que sube mi cuota de serenidad contiene muchos maderos de qué sostenerme.

Un estado de eutimia no tiene por qué ser una condición de permanente estabilidad; creo que más bien puede tratarse de experimentar los vaivenes con la posibilidad de no desconectarme de la conciencia de que aquello ocurra. Claro, mis lágrimas deambulan por aquí, y mis asaltos al refrigerador y la pereza de mi calma aún se ventilan por estos lares, pero aquí estoy, con la mirada atenta a rescatarme cuando se me va de las manos. Ahora, el rescate, creo, va de mis manos, pero también de las manos de otros: mis imprescindibles.

 

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