Alprazolam a la vista

Que sábanas tan tibias, que almohadas tan cómodas. Cómo iba a decirle a mi espalda que se incorporara en la cama si todo estaba tan bien? No quedaba de otra, el desayuno de mi hija y su trenza me convocaron rápidamente a una vigilia inmediata. Así estuve durante un par de horas, bien despierta. Luego vino una pequeña ola que me lazó a la carrera de comer y degustar cuanta comida estuviera en el refrigerador. Luego vino el jugo, las tortillas, el snack, el cigarrillo que no acaba, y todo lo que me indica que comienza un estado de aceleración de esos que me cuesta pasar por alto.

Me metí nuevamente a la cama, traté de dormir, de poner el mundo entre paréntesis y seguir el sueño que había interrumpido. Pero mis labores me llamaban…

Hice lo que pude y como pude, pero ya no daba más. De salto en salto no alcanzaba a vislumbrar un atisbo de tranquilidad. Ahí estaba el alprazolam esperando su llamada.

Ahora estoy escuchando a Pink Floyd para calmar un poco más las aguas.

Saludos a quien me lee

Clau

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