Venciendo el codo que se empina

El alcohol, uno de mis peores enemigos por poco me vence. Sí, una vez más tuve que evitar ceder a la tentación de empinar el codo para llevarme una botella a los labios. Lo hice, abrazándome hacia un sueño conciliador para después refugiarme en las palabras de contención de mis más cercanos.

Durante años estuve, sin comprender, bebiendo más de la cuenta; un desayuno lleno de cebada y un término de día acompañado de un tequila era lo que me hacía más cercana a un mundo que creía era el más apropiado para el despliegue de mi vitalidad.

Hoy es cierto que de vez en cuando bebo una copa de vino, pero ya no es la hilera de botellas lo que acompaña una reunión.

Me es difícil asumirlo, cierto, pero tuve excesos en momentos en que la manía emergía en medio de la multitud que me acompañaba. Esos excesos están bastante lejos a estas alturas; seguiré en la búsqueda de la estabilidad, incluso cuando lo estable sea un viraje mixto.

Un abrazo a quien me lee.

Claudia

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