Pérdida de memoria o falta de concentración?

Suelo olvidar -literalmente- las cosas más visibles e invisibles. Desde donde dejé mi reloj, hasta lo que hice hace 2 segundos. 

Hoy ando en modo piloto automático para no pensar en lo que me tiene aún abrumada: el ingreso de nuestra mascota y la ida  voluntaria e involuntaria de tantos y tantas.

Escribir aquí, en este preciso instante, es un ejercicio de concentración mental; un intento por permanecer aquí consciente, conmigo, así simplemente con vida.

Apenas puedo articular palabras. Con dificultad pongo en mi mente las cosas en orden. 

No me quedó de otra que realizar tareas rutinarias, pero que requieren cierto orden. Así, saqué mis muebles fuera del dormitorio; moví libros, papeles, y la cama de un lado a otro, para limpiar hasta el último rincón.

Lo hice con calma, con la mente puesta en la escoba, la aspiradora, la cera para el piso y el paño para limpiar los muebles.

Fui paso a paso, sin molestarme en mirar por la ventana, simplemente debía poner orden en mi cabeza y sé que eso lo logro tras limpiar y ordenar las cosas que me acompañan a diario.

Hasta las palabras se ordenan después de un buen empujón al librero.

Tomé una larga ducha caliente en las que enjuagué uno que otro lagrimón.

Ahora,  frente a la pantalla del computador, y escuchando un grupo que se llama Congreso, aprovecho de recapitular en torno a los deberes que quedan por hacer. Eso, simplemente verme con las manos que cosen un botón, moviendo la aguja de un lado a otro, hilvanando una y otra vez, para dejar listo algo que tal vez no ocupe, pero que me da la puerta para salir de mi estado de desmemoria y concentración, y sobre todo, de sinsentido.

Hacer cosas que alimentan los días y las horas de la manera más simple que pueda sostener, es el mejor ejercicio para salir de este estado de somnolencia en vigilia.

No recuerdo cuándo es la próxima visita a la siquiatra. Ya han pasado casi dos meses de la última entrevista, y la verdad no tengo ganas de ir a contarle que he estado bien, porque así ha sido.

Creo que cumplí la misión de poner las cosas en orden: lo cotidiano se volvió mágico una vez más.

Abrazo a quien me lee.

Claudia

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