Una copa de vino blanco y ahora sueeeeeeño

Anoche estuve en una mini juerga familiar. Aproveché de beber unos sorbos de vino añejo, de esos que con su dulzor no matan ni a una mosca, o al menos no a simple vista.

Fue una noche de películas, queso y conversación, de esa sencilla conversación entre mi hija y mis padres. Qué más podía pedir. Tranquilidad total.

Hoy desperté con el celular casi lanzado al suelo, los ojos sin ganas de abrirse, el pecho hundido y mis manos tapándose con mis axilas. Pasaron tres horas antes de tomar los medicamentos. Estaba tan somnolienta que no noté que tras el sorbo de agua las píldoras quedaron enredadas entre mis dientes. Algo de lengua me queda como para haber notado de una de ellas estaba justo detrás de ella. Qué sueño.

Ahora, ya pasado el mediodía, me dispongo a despertar.

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