Cigarrillos y quetiapina

Hoy puedo decir que he dormido 8 horas de corrido, que mis pies están fríos y que mi tobillo está deshinchado. También puedo decir, que aunque he bajado la cuota del cigarrillo, su dosis se mantiene aún vigente en mi sangre. Cierto, mi tabaquismo como condición asumida, posiblemente me va a acompañar hasta la tumba.

Estoy menos angustiada, algo irritable y mareada, con ganas de hacer nada, teniendo tareas que podría llevar a cabo. Lo que pasa es que mi cabeza deambula por otros rincones, se tuerce hasta la bendita hipomanía en ciernes y se mezcla con algo de la pena que suele venir cuando se le antoja. No debería ser así, la dosis de aripiprazol está bastante alta como para caer nuevamente en estados mixtos; pero aquí estoy en un estado de esos en que se combinan la paz con la tortura.

He recibido llamados de amistades y de otros no tan amigos que al parecer notaron que en FB puse una fotografía de los RX de mi tobillo. Eso me da satisfacción, debo reconocer; pero también me deja como entre paréntesis por no poder participar de los otros como quisiera.

Me pregunto si en el estado en que estoy es el más conveniente, asumiendo que estaba saliendo más de la cuenta que he llevado por años. Tal vez sea mejor así. Tal vez iba a ocurrir un accidente mayor por mis mareos, y lo que tengo sólo es un pequeño percance producto del mareo que experimenté al bajar las escaleras.

La quetiapina suele provocarme mareos, estados de confusión y todos esos desagradables efectos colaterales que anuncia la etiqueta de la caja. No es de extrañar que me haya mareado en la escalera. Ya me venía ocurriendo días antes.

Bendita quetiapina, cómo quisiera borrarte de mi vida de una buena vez, pero la verdad, he estado durmiendo bastante mejor. Es un mal menor, por ahora. Tal vez pare en la próxima cita con la siquiatra.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

 

2 Replies to “Cigarrillos y quetiapina”

  1. Padezco bipolaridad desde los 25 años ahora tengo 38 tomó quetiapina desde hace 1 año, mi vida cambió para bien pero a pesar de mis cambios positivos los negativos me entristecen un poco, estoy consciente de que es de por vida y eso no me gusta, de hecho me a costado mucho aceptar mi bipolaridad, ahora estoy un poco gordita por lo mismo pero no me caigo porque tengo un bellisimo motivo por el que tengo que vivir y eso me da fuerza para seguir mi hijo de ya casi 17 años que amo con el alma y por el saco toda la fortaleza que puedo y mi Dios no me abandonará ánimo para todos esto no es el fin y contemplemos que hay gente aún peor que nosotros, soy afortunada cada día con un soplo de vida y ver a mi hijo crecer, gracias a Dios y a mi Morelia bella.

    1. Vivir con esta condición nos invita a un permanente proceso de aprendizaje: amar lo que nos rodea, a quienes nos rodean y lo que logramos producir.
      No te resistas, piensa en un día a la vez, porque cada día está lleno de bendiciones, que pueden estar invisibles, pero simplemente están.
      Un gran abrazo

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