La madrugada extendió este día

4 am, y mis ojos estaban encendidos, y yo, con la energía de un ciclón y la circularidad de mi melancolía, simplemente volé de la cama, cigarrillo apagado en mano, a mirar lo que quedaba de la luna que no vi.

Hoy es un día bueno, me dije, y me encumbré a la mañana para ir a depositarme sobre el escritorio, dedos rápidos escribiendo un reporte.

Café y más café, no era necesario, la vigilia había llegado para quedarse.

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