Regresando a la ciudad con un alprazolam por acompañante

Cerrar las pestañas y dejar de mover las piernas fue una ardua tarea. La noche se me hizo eterna y por más que salía a mirar las estrellas con un cigarrillo en la mano, la ansiedad no bajaba de la cima de la montaña que había dejado atrás.

Finalmente, desperté aturdida, temprano, con los ojos pegados y los pies tan dormidos que creo que debo haber tiritado toda la noche, no de frío sino por el síndrome de los pies inquietos. Qué cosa ¿no?

He tenido que recurrir a un alprazolam. La ansiedad me está matando, mis manos no paran de moverse y mi cuerpo está en un verdadero estado de shock. Las ideas, las benditas ideas están rodeándome de arriba a abajo, como ondulando a través de mis vasos sanguíneos o lo que sea que recorra todos mis intersticios. Uaaaahhhhhhh!!!! estoy que salto!

Mi cabeza tambalea y tambalea.

No se qué más decir.

Clau

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