Y de repente me quedé en blanco

No puedo quejarme. Estos últimos días, con dolores y todo, he tenido una relativa estabilidad. Al menos eso creo.

Llevo varios días en la ardua tarea de terminar un proyecto. Sin quetiapina he podido estar hasta largas horas de la noche y amanecer muy temprano. A un ritmo increíble, avancé hasta terminar con aquello…

 

Ahora estoy en blanco. En blanco, no incolora.

Mis manos están revueltas, mi cabeza sin un pelo en su lugar, mi ropa sucia amontonándose en un rincón y mi escritorio tapado de papel para limpiar mis narices.

Me acompaña un vaso con jugo y un par de dulces para mi sed de azúcar. Por ahí está mi celular que no ha parado de sonar, y no sé que hacen tantos envases de jabón gel para desinfectar las manos y un mentolatum.

El lapicero colecciona anillos que no uso, de la lámpara cuelgan imágenes de mi hija y un cuarzo enorme está junto al borde del compu y tengo un alto de papeles que no he terminado de ordenar.

Por mi cuarto pasó un huracán. Creo que debo seguir con eso de “ordenar”.

Un abrazo a quien me lee.

Clau

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