Nunca faltan las lágrimas

Huelga decir que siempre hay en mi algo que emerge de la nada o casi de la nada. No importa cómo, cuándo, dónde o por qué, siempre aparecen de alguna forma, sea a modo de risa, de contemplar a mi hija, como un girasol mirando el sol, como unas manos arrugadas sobre el piano, como las flores que nacen de un orgasmo, o simplemente como el canal por medio del cual transito sin rumbo fijo. Son las lágrimas que me acompañan a donde quiera que vaya, de mañana, tarde, noche, ahí están siempre, como fieles compañeras de mis días.

Ahora mismo, es impensable ir a dormir sin echar afuera uno que otro lagrimón, simplemente porque estaba ahí esperando a que abriera mis párpados para ver el reloj. Aún no tengo sueño y siento como la espalda se encorva como preparándose para recibir un chapusón de risa de llanto tibio. Y aquí estoy, esperando que termine el vendaval para ir a refugiarme en posición fetal a mi cama aún tibia por los rayos de sol que cruzaron el ventanal todo el día.

Sé que mañana será un día distinto al de hoy, y que las lágrimas ya habrán tenido tiempo suficiente para salir a tomar el claro de luna que veo a través de la ventana.

Buenas noches a quien me lee.

Clau

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