Café, helado y frutas

Ayer tuve uno de esos atracones de comida como no había tenido hace tiempo. Una copa equivalente a un litro de helado con una base de tartaleta de arándanos y frambuesas fueron una delicia a mi paladar. Comí como si fuera el último día de mi vida. No es raro, por estos días ando insaciable (jejj), entonces qué mejor que tomar una gran copa de helado con frutas y después tomar un buen sorbo de café bien cargado. Ahora entiendo de dónde proviene la idea de dis-frutar: hartarse comiendo frutas y helado. Como sea, no puedo negar que he tenido la oportunidad de saciar mis necesidades vitales y todo eso, y por qué no decirlo, con bastante saciedad y cansancio.

A pesar de la carga estomacal, anoche dormí como un lirón. La quetiepina hace lo suyo, ciertamente. La verdad, esto de tener un cóctel de medicamentos a diario me esclaviza pero también me da ciertos márgenes de libertad para portarme mal de vez en cuando. Me llama la atención la gran adherencia que suelo tener al tratamiento. Creo que he tomado conciencia de que el TB es una condición crónica que debo atender con lo que tengo a mano, y si eso son pedacitos de sustancia química bienvenidos sean.

Esto que parece una oda a la quetiapina no es más que una gran resignación. No quiero correr riesgos hoy en día.

Un saludo a quien me lee.

Clau

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