Una copa, sólo una copa de vino

No pude resistirme a una copa de chardonnay. Sólo una, tan sólo una. La acompañé con un botella de soda para beber el brebaje sin sed, sin desespero ni apuro. Además agregué algunas de esas comidas que me privan como el carpacho y la pizza mediterránea (eso del jamón serrano y la rúcula me dejan un sabor riquísimo en la boca).

Fui contra el tratamiento, lo sé. Hice algo que arriesga mi estabilidad, cierto. Encendí la chispa que me puede llevar a beber sin límites, es probable, pero no cierto. Porque no hay certeza de que quiera seguir haciéndolo sin límites.

Por lo que noto, anoche dormí bien, desperté con buen ánimo y llevo varias horas trabajando con algunos descansos entre medio. Es decir, no estoy acelerada ni hay asomo de algo que me prive de hacer las cosas que estoy haciendo.

No estoy con pena. No estoy con euforia. Simplemente estoy presente, haciendo y sintiendo a este día como memorable y digno de haber sido bendecido por una copa de vino blanco la noche anterior.

No puedo afirmar que no lo haga de nuevo, pero con el límite que establecí, sólo una copa. Creo que a veces es necesario un brindis con esa agua “que brota pura y cristalina de la madre tierra”, como dice el temucano.

A quien me lee, salud.

Clau

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