Música, agua y frutas

Al fin me siento liviana de la carga que me sometió a un estado sombrío y de desesperanza. Nunca supe cuál era el origen, pero qué va, lo importante es que con marea y todo salí a flote de alguna manera.

Tal vez fue la música que me resguardó de los gritos de mi ser por quietud. O Quizás el agua, que me limpió en el dolor intenso de mi cuerpo. Pero las frutas, ese alimento que reanima de cualquier muerte, creo que me alimentaron de la quietud que necesitaba con tanta premura.

Hoy desperté con menos dolor. Los corticoides hacen lo suyo. Para qué resistirme.  Al menos tuve más fuerza para moverme de la cama y salir a compartir con mi hija que a estas alturas se resigna a tener una madre que no siempre está en vigilia. Eso me duele más que cualquier otra cosa, pero ya tendrá un vuelco en todo esto.

Lo importante es que aquí viene acercándose para darme un gran abrazo y muchos besos de hija a su madre a la que, según ella, ama profundamente.

Bendiciones a quien me lee.

Clau

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