Ensalada de sales

Mientras caminaba por las calles de Santiago me dibujaba en medio de la Alameda bebiendo un sorbo de agua fresca. Como me gusta recorrer el asfalto cubierto de sombras arboladas y refrescantes, aun cuando ni un atisbo de viento ronde en el aire.

Recorriendo estas calles, mis calles, me puse a lagrimear de puro feliz, de puro contenta y plena por estar adquiriendo una nueva savia, un nuevo y mejor recuerdo de mi misma. Porque así ha sido. Me he tomado todo el tiempo del día para salir disparada sin rumbo y rondar por ahí simplemente para echar a andar los miedos y deseos que se aferran a mi cuando no tengo ganas de salir afuera.

Esto que puede sonar a una inconsistencia con mis labores diarias, no es más que un modo de vivir a plenitud a pesar de los pesares. A pesar de mi misma.

Ojo, esto no es un poema, sólo una breve crónica de la previa a una noche de asueto.

Abrazo a quien me lee.

Clau

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