Ajustando la paroxetina

Desde hace unos días el pecho se me aprieta y mis ojos insisten en llover. Mi espalda alicaída y mis brazos sin sentido estaban anunciando lo que se venía: el viraje hacia la depre.

Cómo voy a describir una vez más las sensaciones y emociones que emergían casi de la nada, en medio de la alegría familiar. Nada me daba consuelo, ni siquiera las manitos de mi hija.

Anoche decidí aumentar la dosis de paroxetina. No quedaba de otra. Sé que es un riesgo por mis constantes virajes, pero es la instrucción de mi siquiatra en estos casos y la verdad quiero seguirla. No quiero darme el gustito ese de tratar de combatirla a puro canto. No quiero. Quiero una salida eficaz en el menor tiempo posible, y si es a través del ajuste de un medicamento, pues vaya, así lo haré. De paso, intentaré aferrarme a la vida conviviendo con los míos a modo de peregrinaje. No está demás decir que la soledad no es buena en estos casos.

Hoy amanecí aletargada, sin ánimos de nada. No puedo seguir así. Debo trabajar este fin de semana, afortunadamente en algo que puedo hacer sin acudir a una oficina.

Como sea, estoy optimista de que estas lágrimas sigan otro curso y no el borde de mi nariz.

Saludos a quienes me leen.

Clau

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