Recuperando el sueño perdido

Sé que el sueño que se va de nuestras manos se va para siempre, no vuelve. Y aunque intentemos dormir 20 horas a posterior, no hay nada que nos haga ir en contra de los radicales libres que se dispersan por el cuerpo. Durante la semana me desvelé. El viernes trasnoché cantando, y anoche a duras penas me quedé despierta hasta pasada la medianoche comiendo.

Hoy quise quedarme en la cama por más tiempo, pero mi reloj biológico me lanzó de la cama con sábanas y todo. “Que relajada estoy”, me dije. Aunque siento el peso en los hombros y sé que mañana será un día de doble jornada laboral, me animo a pensar que al menos algo dormí y que bien celebrada estuve. Ahora estoy haciéndome un tiempo para mirar mi cuarto y ordenarlo un poco, sólo un poco porque no me da el cuerpo como para asearlo completamente.

Pero siempre yo y mis contradicciones. Mientras escucho a Tiersen y reviso fotos recientes, me doy cuenta de que aún no doy vuelta la página de algunos de mis recuerdos más sórdidos. “Va siendo hora de que lo haga”, me digo a mi misma. Y me digo, “oye misma, que tal si lo dejamos pasar de una vez y para siempre?”. Sin embargo, me cuesta dejar atrás los dolores y las pérdidas.

Este año ha sido de dar vuelta el tablero y partir de cero. De cero, digo yo, pero nunca tanto.

Ahora, a cepillarme los dientes y darme una ducha fría para espantar el sosiego que tanto me incomoda.

Saludos a quienes me leen.

Clau

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