Linda la fatiga crónica

Mi cuerpo despertó llorando. Mis brazos, espalda y piernas me retuvieron en la cama por cuatro horas más de lo que tenía pensado. Intenté levantarme a las 6:30 como de costumbre. Alcancé a desayunar con mi hija pero pronto tuve que volver a la cama con mi mejor sonrisa. Qué hacer. No quiero que me suban los corticoides.

Pasadas las 10:00, y antes de que me pudiera dar cuenta, me di el impulso final. Esto no me la puede ganar. Así que literalmente corrí a la ducha y permanecí bajo el agua por un momento más del habitual. Con una ligera calma salí con mi cara de satisfacción a flor de piel.

Ahora hago caso omiso a los dolores que permanecen aquí con las ganas de detenerme. No puedo concentrarme y tengo el habla quieta. Al escribir frente a la pantalla del compu mis dedos se doblan a cada pulso que doy.

Pero no siempre es así. Por este ardor he tenido que parar mis acciones, cierto, pero generalmente logro levantarme a pesar de todo. Tal vez no tengo ganas de cantar. Quizás no me anime a salir de mi casa. Es cierto. Pero tengo la energía suficiente para beber un vaso de agua y decir y qué fue, aquí estoy tratando de vivir a pesar de mi misma.

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