Otro día más de caminar cantando…

Cuando quiero tomarme un rato de quietud escucho el tango de Zbigniew Preisner o su oración. Sus estertores melódicos me llevan de la mano a un ventisquero iluminado  por el reflejo del sol en el mar. Me arrastra al pabellón de mujeres del siquiátrico y me sumerge en las sábanas de calentaban mi frío. Esas paredes, como olvidarlas por completo, si hasta el día de hoy hay parte de ellas en las de mi cuarto. No es nostalgia, es sólo un no estar, no vivir aquello que en su momento me ayudó a salir del desespero y la inanición de fe. Podría seguir convocando a la melancolía de mi locura circular, pero un poco de ayuda a la recuperación  de mi memoria emotiva no me hará daño.

De esta manera ando hoy, toda melancólica y con el pasado-presente resonando en mis orejas como un bandoneón sembrando dudas de ser.

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