Ducha fría, huevos y leche

Esta mañana quise hacer una diferencia: me envolví de agua fría con la cabeza erguida y los brazos extendidos, que placer. Fue el reencuentro con mi piel y sus incipientes señas de la madurez que tanto esperé. Mis manos ya están algo manchadas, mi cuello algo laxo, mi espalda más curva, mis rodillas duras, mis pies alargados y mi cara rodeada de pecas, esas pecas que aún me dan la imagen de niña de veinte. Agua fría, rica agua. Como no soñarla despierta cuando el calor me abraza fuerte y mis aires de autocompasiva me sonríen auspiciando una nueva recaída. Pues bien, no se asoma un breackdown alguno, por el contrario, estoy rejuveneciendo hacia una mañana de paz y tranquilidad como hace tiempo no sentía.

Me pregunto, cómo fue posible encontrarme a mi misma soñando despierta, sin sentir malestar alguno. Sueño, sigo soñando. Aún puedo rescatarme de la amargura y la hiper ventilación. Benditos medicamentos, bendito sol. La primavera que se va vistiendo de verano me está llevando del vacío a la completitud. Quiero disfrutar de aquello, por más breve que pueda ser. Aquí estoy, con el viento lento en mi cara, contemplando a mi mascota.

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