Contradicciones o paradojas

A veces me pregunto a dónde se fueron las lágrimas; a dónde se fue la espontaneidad; a dónde se fueron las expectativas; a dónde se fueron las miradas cálidas; a dónde se fue la modulación hormonal.  Y a dónde se metieron éstas? Me hacen falta, me digo. A veces quiero llorar pero sólo me sale un “y qué tanto”; otras quiero reír porque así lo amerita y sólo me sale un “no es para tanto”.

Sin ser autocompasiva, porque de eso me queda bien poco, tengo que confesar que extraño las emociones intensas, genuinas, esas que me hacen flotar en el aire, esas que me hacen sentir que soy yo misma. Estoy consciente de que cuando traspaso los límites me voy a la cresta, pero de vez en cuando me gustaría hinchar el pecho y respirar sin filtro el aire. Cierto que ya lo hago cuando fumo, pero me refiero a sentir una emoción grande como ser el centro de mesa de una conversación o estar enamorada. Me temo que ya perdí la capacidad de amar como la tenía antes. A excepción de mi hija, mi divina criatura, simplemente no hay nadie más. Nadie.

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