Día de siquiatra

“Estás con una depresión garrafal”- me dijo mientras la contemplaba con mis mejores ojos de mujer optimista. “Me gusta como lo haces, tienes harta voluntad”-me dijo mientras mi pecho se hundía en el asiento junto a mi orgullo bipolar.

No es tan malo, creo que por estos días he podido sostenerme bastante bien. Casi no hay moros en la costa y la verdad es que cualquier cosa que gatilla la lloradera, sin lágrimas esta vez, se anula con un poco de humor voluntarista y algo de estímulo principista.

Tengo que salir de esta como tantas otras veces, y si tengo que subir nuevamente la paroxetina así lo haré. O quizás vaya turnando una píldora un día y tres cuarto el siguiente. Algo se me ocurrirá. Lo bueno es que la siquiatra me animó a ir tomando mis propias decisiones al respecto y eso me tranquiliza, me valida y legitima ante la mantención de un esquema de tratamiento tan flexible y dinámico como el mío,

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