Día de nada

Abro los ojos, me despiertan los pájaros y me abrazo para no levantarme abrúptamente como suelo hacerlo cuando me he dormido sin notarlo. Miro el reloj y ya es hora de sacar la basura a la calle; siempre pasan temprano a recogerla, incluso siendo día sábado.

Ya perdí la cuenta de los días he llevo con la paroxetina tambaleando en mi sangre y la verdad no ha sido tan malo. Lo único que me recuerdo que estoy a media máquina es el dolor intenso de mis músculos. Hoy aparecieron nuevos moretones en mis piernas por chocar con los muebles. No es novedad que un pequeño topón lo sienta como un gran empujón.

Toca preparar mi pastillero con las dosis semanales. No saco nada con tener una caja grande si tengo que ir ajustando las dosis a cada rato. A veces olvido que retomé la quetiapina a mi pesar, pero bueno, es necesario apegarme esta vez al esquema de tratamiento.

Ahora me apresto a continuar escribiendo un documento bien interesante que espero terminar dentro de 3 semanas para recibir la paga. Confieso que ya me había acostumbrado a realizar tareas básicas en casa. Como sea, es un buen entrenamiento para el día en que deba retomar las 8 horas diarias de laburo… algún día vendrá ese día. Hoy me la pasaré medio escribiendo y medio holgazaneando frente a la computadora, escuchando algo de música, recordando que he olvidado muchas de las canciones que solía escuchar en momentos de ocio.

Saludos a quienes me leen.

Claudia

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