Que hipo… manía de frentón

La siquiatra me miraba con ojos entre preocupados y desorbitados. Reconoció que estoy en un estado aparentemente agradable, casi envidiable por toda la lluvia de creatividad y alegría que supera cualquier estado depresivo. El punto es, dijo, que voy ciclando demasiado rápido y ya no sabe qué hacer conmigo. Bueno “bajemos la paroxetina” y “agreguemos alprazolam”. Qué más da. Es necesario evitar que mi estado de manía tenga consecuencias de esas que uno termina arrepintiéndose.

Como sea, ya me había hecho la idea de que tendría que poner freno a estas ansias por cubrir todo el espacio que esté a mi alrededor. Que tendría que reprimir lo que en mi opinión naturalmente se teje en estados de felicidad inmensa. Ya sé que de nuevo tendré que re-aprender a escribir mi historia con la necesaria calma que en esencia, bien en el fondo, me caracteriza. Pero bueno, tendré que esperar un poco y aguantarme esta tembladera del cuerpo que está empezando a desesperarme.

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