Fin de mes: café, cigarrillo y quetiapina

Voy por un café mientras enciendo un cigarrillo, el décimo del día. Aprovecho el impulso de buscar entre mis cajas del pasado para encontrar alguna pista sobre el lugar en el que me sentí más cobijada. Y la verdad, hallé un montón de lugares, más allá de la infancia y más allá de las circunstancias en que todo lo que tenía a mi disposición estaba hecho para mi.

Encontré una bufanda roja, unas gafas oscuras, un libro de Neruda, algunos de los poemas que escribí en un día de juerga, un lápiz sin tinta (tal vez el que emplee esa noche), un reloj que se detuvo un día a las 7pm (probablemente cuando inició la jornada), unas fotos mías (de pudorosa reputación), y una lista de objetos que por alguna razón quise conservar para momentos como este en que quiero recorrer el pasado sin salirme del presente, donde abundan las fotos de mi hija.

Ahora me pregunto, por qué siento esta necesidad de detenerme por unos instantes en el pasado si tengo tanto que hacer, que pensar más bien, en el presente. Y la respuesta no creo encontrarla en la quetiapina y la dosis que decidí retomar (porque si de algo estoy segura es de que presiento cuando se viene la marea de manía) pero creo que en algo estará afectando.  Lo cierto es que estoy muy pero muy sobresaltada a ratos, pero a otros quieta como una hoja dentro de un libro guardado en el librero.

Como sea, creo que le llevaré buenas noticias a la siquiatra este jueves.

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