Con las pilas demasiado puestas

Volví al ritual de siempre: despertar temprano, fumar, beber agua (ahora disfrazada de jengibre) y empezar el día con una ducha bien caliente. No he parado de fumar desde entonces y la verdad no estoy segura de que es lo que estoy escribiendo en este preciso instante. Lo hago para desahogar mis ansias de salir volando; o quizás para leerme a mi misma y echar afuera el pudor de sentir deseos de salir disparada.

 

 

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