Por un momento perdí el cable a tierra

Si bien ya no despierto a las 5:30 am con el cigarrillo agarrado de mi mano, ni me paseo por la noche en busca de la almohada, ni como a destajo esperando la saciedad, ni oculto mi cara del espejo, ni me irrito por la persistencia de algún comentario desagradable; hay algo que me tiene inquieta (para variar un poco): de pronto pongo en tela de juicio la viabilidad de mi vida. ¿Cómo así? Asimismo, es decir, la posibilidad de que mis acciones me conduzcan a una vida plena a veces se esconde de mi vocablo. (¿Cómo resumirlo? tengo sequía)

Esto me está llevando a que varias veces en el día me encierro en mi cuarto sin ser capaz incluso de escuchar música alguna. Y ESO para mi es una mala señal. Esto me recuerda a aquella vez en que me quedé parada frente al semáforo en verde y simplemente no fui capaz de cruzar la calle y ¡no había ningún vehículo! Cuando finalmente atravesé, me caí lentamente hasta quedar contemplando el cielo y sus nubes. Ese golpe me trajo un cable a tierra, y ahí seguí como si nada.

Creo que este es el momento en que como protagonista de mi historia debo detenerme un momento en silencio, a esperar que la música llegue sin que la llame, a que mi hija entre de improviso a abrazarme, a que me den ganas de darme un baño de inmersión, antes de que me caiga en la calle.

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