Definitivamente no necesito a la quetiapina

Desde el 2006, año que fui diagnosticada como bipolar, he tenido innumerables esquemas de tratamiento. Muchos de ellos fueron boicoteados por mi: litio, ácido valproico, risperidona, fueron algunos de los medicamentos que más detesté por sus efectos colaterales. No me arrepiento. Creo que mis recaídas fueron más por el alcóhol, las juergas y la exposición a hechos demasiado chocantes para mi. Hoy, puedo decir que estoy estable, que no necesito nada, pero también que necesito mis estabilizadores del ánimo. Pero no a la quetiapina que me tenía en estado de zombie.

He pasado una prueba de fuego: la visita del padre de mi hija. Este hecho que hace dos años me provocó una tremenda recaída ahora no es más que una simple anécdota, una realidad que está ahí pero que no me afecta en lo absoluto. No es la fuente de mis potenciales descompensaciones, ni siquiera de mis culpas. Creo que lo he superado, y en gran medida por las innumerables terapias. La pucha que sirven esas cosas, sobre todo cuando las tomo con las personas indicadas.

Así que, medicamentos más, medicamentos menos, lo que ha sido fundamental para mi estabilidad es el reconocimiento de las fuentes de origen de las culpas y una de ellas es la de ser madre soltera. Pero qué va, ha sido la mejor de las opciones (si, fui mamá por opción), y mi hija la mayor de mis bendiciones.

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