Salí de casa después de la puesta del sol

Salir o no salir. Siempre tengo ese dilema. Y no es para menos. Caminando por la calle suelo tener la sensación de que me voy a caer y aunque casi nunca ocurre, ahí está el temor de ir cruzando una cuadra y ser interceptada por un vehículo. Puro miedo infundado.

Ayer tenía dos invitaciones para salir de casa. Escogí la que implicaba menor tiempo y mayor cercanía y fue increíble.  Hace meses que no recorría las calles de la ciudad. Se me había olvidado la belleza urbana que se aprecia con el encendido de las luces de la calle.

Anduve por un barrio tradicional, con amplias arboledas y faroles que iluminaban a gente andando en bicicleta y parejas abrazadas que pasarían inadvertidas si no fuese por sus manifestaciones físicas. Yo simplemente miraba feliz, satisfecha, agradecida por tener a la vista la compañía de una canción urbana.

Cómo se canta una canción urbana. Bueno, yo creo que salir a caminar por la irregularidad de las veredas, viendo la sonora arboleda que emerge del cemento, los faroles del tendido eléctrico de los edificios, las vitrinas comerciales cerradas para no opacar la vista y qué se yo. El caminar acelerado que distrae los pies, con amig@s y una buena conversación.

Ayer estaba feliz, y hoy… también.

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