Buscando leer el relato de mi vida

Hoy amanecí mal. Me di cuenta de que se me perdió el hilo de la conversación conmigo misma. No puedo permitirme eso nunca más. No es posible seguir adelante sin reconocerme en lo que hago, pienso y siento. Así que quiero aplicarme un complejo cuestionario para tratar de aferrarme a mi misma y qué mejor que recordando las cosas que he aprendido a lo largo de mis 40 años. Aquí voy, escuchando a uno de mis grupos preferidos. La pregunta es, qué aprendí o hice y que resultados de todo eso tuve en un determinado tramo etario. Ya sé que este criterio es más que arbitrario, pero necesito dar un cierto orden a las cosas. Como buena borderline necesito tener el control de todo en extremo, y si ello implica ser cuadrada, lo haré como nunca lo he hecho.

0 a 7: aprendí a caminar, hablar, a reconocer a quienes me rodeaban y sobre todo a perder a los que amaba. En este período mi padre estuvo fuera, lejos, sin presencia ni siquiera en el país. Creo que hasta ahora no puedo asumirlo. A veces no puedo reconocer a quienes me rodean y me sigue doliendo la pérdida y el abandono (y a quién no?). Esto si que duele, más que las golpizas que recibí de mi madre hasta perder la consciencia.

8 a 14: no fue buena esta etapa (como si la anterior lo hubiese sido). Definitivamente no. A los 9 años fui violada, maltratada, vejada y mi madre no me creyó. Creo que en este período me volví cobarde y temerosa de enfrentar a quienes me hacen daño.  Como resultado, cuando viene algún ataque, temo responder con rabia y dañar a quienes me provocan esa furia y de paso a quienes no tienen que ver con el origen de esa rabia. Aquí conocí el hambre y sed de justicia. Aquí nació la sangre roja que de vez en cuando veía en mis venas, saliendo a borbotones de mis piernas y brazos. A los 9 tuve mi primer intento de suicidio, colgándome de un árbol y sintiendo el golpe del suelo en mi espalda. A los 14 me vino un sentimiento de mesianismo en extremo.

15 a 21: como corolario de lo anterior, aquí me encontré con la más fuerte de las depresiones y manías. Mis actos, en consonancia, trajeron mucho dolor a quienes me rodeaban. Aquí maté lo que no debí matar. Pero también conocí lo que no entiendo y que le llaman amor (creo). Ni siquiera sé si eso en verdad es así, pero para el caso de este ejercicio lo pondré de esta manera: di mi primer abrazo y sentí mis primeros estertores a los 17 años.  (Valparaíso, Lima y Buenos Aires han sido testigos de mi demencia)… De ahí mis imparables odas y reproches a mi misma mirando las casas que se descuelgan de los cerros y a los ángeles que dibujan las calles mientras están borrachos. No tengo a París, pero tengo dos puertos y una ciudad con vista al Pacífico.

22 a 28: comencé a tener la necesidad de ser madre como una forma de abrazarme siendo pequeña. Egoísta, conocí ese amor egoísta y generoso a la vez. Atropellé a cuanto hombre se me puso por delante, abandonándolos a destajo, hasta encontrar a quien me dio el abrazo esperado.

29 a 35: trabajé como nunca lo he vuelto a hacer. Casi como una autómata. Aún no reconocía mis síntomas de la enfermedad, pero sabía que no estaba en mis cabales. A los 33 fui diagnosticada como bipolar y el  mundo se me vino encima. Simplemente me perdí.

36 a 40: Perdí el relato de mi vida. Ese que ahora quiero reconocer y que tras este ejercicio creo vislumbrarlo demasiado lejos como para llegar a una conclusión. La pucha… y ahora qué sigue?

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