Caminando por viejos adoquines

Estoy mirando el puerto parada bajo el umbral más viejo que conozco. Desde aquí la noche alumbra los cerros y sus calles, los amantes y los niños, los abuelos y sus historias, la brea y sus buques. Qué respiro para mi alma este momento.  Es como si la vida me fuera regalada, nuevamente.  Como si pudiera ver mis manos claras despejando mi frente tapada por uno que otro cabello blanco. Amo este amor de Valparaíso, este puerto bendito que alcanzó a conocer mis días de sufrida adolescencia y mis noches de cantadas juergas.

Eran sus noches de viernes y sus días de lunes los que alimentaban mi pecho furioso, mis ganas en fuego y mis lloraderas en frío. Como no volver a este puerto bendito, una y otra vez, así sea afirmada en bastones de madera, así fuese arrastrada de sus orillas.

Quiero dar un último respiro antes de volver de sus adoquines al asfalto que quema de ciudad, que grita de frío a los pies de la cordillera, que aún me ata a sus árboles de la Quinta y los manchones oscuros del Santa Lucía.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s