Hoy tuve que recurrir a mecanismos mecánicos

Ni miles de sesiones de sicoanálisis, terapias de distinta corriente, ni encuentros cercanos en frecuencia de pensamiento mágico lograron lo que hoy pasó (pero para qué les voy a restar la importancia que tuvieron). Más bien fue una suerte de salvada de una situación desconcertante siguiendo la ruta del razonamiento lógico y mágico.

Años tratando de descubrir por qué hay momentos en que no puedo parar de llorar al punto de que la lloradera se vuelve infernal y sin causa aparente, visto por mis ojos en ese minuto. Se trata de esas lágrimas que salen en caravana y que son impermeables a la sequedad del pañuelo de papel.

Siempre me pregunté que me hace llorar cuando veo a gente agrupada, niños y niñas jugando, personas abrazándose, reencontrándose, despidiéndose, todas actitudes que desde mi mirada apuntan a un encuentro con la felicidad. Entiendo que ello pase cuando estoy lábil emocionalmente en un cuadro de depresión severa que tan seguido me habita. También creo que comprendo que ello ocurre a causa de mis sentimientos de culpa, abandono, soledad, frustración, y demases emociones angustiantes… o todo lo contrario, lo que deviene de un mundo de otras fronteras. Todo eso que llevó a siquiatras y sicoanalistas a tacharme de melancólica, de pensamiento mágico y personalidad limítrofe (con consensuado). Pero lo que aquí quiero recalcar es que nunca había logrado en tiempo real reponerme frente a un estallido emocional como el que tuve hoy.

Todo partió cuando mi hermana recién graduada me invitó a su ceremonia de entrega de diplomas. Ahí llegué con mi hija, ella con su uniforme escolar, yo con cara de acontecimiento. No me di cuenta cuando empecé a establecer comparaciones entre la ceremonia de graduación y la mía (bueno, la verdad es que no tuve ceremonia, no recuerdo bien por qué, pero ahí están mis diplomas). Como sea, fue espectacular!!! Ver y sentir a través de imágenes y discursos la trayectoria que mi hermana más pequeña siguió a lo largo de 5 años para terminar con éxito sus estudios de pregrado, simplemente me desbordó a un nivel de esos que me dejan paralizada. Vino una lloradera de esas…

Cuando noté la humedad de mi mentón y la tensión de mis pies, di inicio a una serie de reflexiones en paralelo que fueron literalmente obstruyendo el paso de las lágrimas, pero sin escindirme completamente de la situación como suele ocurrir en esos ejercicios mentales que practico para no quedar expuesta. Qué hice exactamente? Repetir en mi cabeza lo que iba viendo y el contexto en que eso iba ocurriendo. Por ejemplo, frente a una fotografía de mi hermana en su paso por un hospital europeo, me dije “eso fue bellisimo! y ahora ella está aquí feliz, es para no creer”. Fue como combatir el fuego con el fuego. Si algo me daba una ráfaga de lágrimas que podrían ser interpretadas como de felicidad angustiada, yo ahí le daba con una interpretación lógica deductiva y a la vez inductiva. Fue simplemente espectacular.

No creo en los manuales, pero esto de hoy me quedó grabado y creo que debo plasmarlo de alguna manera en todo lo que aquí escriba.

Abrazos a quienes me leen.

Claudia

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