Con un café en la mano después del vendaval de culpa

Hasta anoche tenía un ruido en mi cabeza que se asemejaba a mil agujas tallando dolor. Los pensamientos suicidas volvieron pero esta vez de la mano de la cordura. No lo haría por ningún motivo. Lo pensé, por un rato, lo pensé pero no fue necesario repetirme que no lo haría, simplemente volví la vista adelante y me quedé sentada mirando un árbol.

Ahora, amanecí temprano después de una noche casi perfecta para dormir. Me despertaron las voces de una chicos que estaban de juerga y que habían prolongado la sala de una casa al antejardín. Pero luego volvió en mi el sueño reparador.

Me levanté a las 7 20 am, y aquí estoy. Tranquila, equilibrada dentro de lo que puedo, pero sobre todo, en paz conmigo misma.

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