El agua es un elemento preciado pero tuve que recurrir a un baño de inmersión

Hoy, la tensión y dolor de mis músculos no me daban tregua. Ni con anti inflamatorios podía paliar la molestia imparable que sentía.  Así que decidí tomar un baño con sales y rosas que  preparó mi hija especialmente para mi. Mientras me sumergía, ella me cubría de agua que cogía con un vaso. Con algo de música de fondo, fui relajándome y vaciándome del contenido oscuro de mi cabeza; ese que no me deja disfrutar del día, aunque mi cuerpo ande a mil por hora.

Intenté paliar la culpa de emplear el agua, (bien tan escaso por estos días no sólo en este país), concentrándome en los focos de dolor: tobillos, rodillas, codos, espalda…. y suma y sigue. Finalmente algo del agua caliente sirvió, aunque confieso que aún estoy adolorida. Los masajes no sirven. Es más, me dejan peor. Sólo el agua puede masajear mis músculos y no dejar secuelas dolorosas.

Ahora estoy lista para meterme a la cama. Estoy relajada y con la mente enfocada en lo más primordial: la maternidad.

Cariños a quienes me leen.

Claudia

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