El apego a mi tratamiento está teniendo frutos

Después del vendaval creo que los ánimos están caldeados. Es que me alimento a diario de las pequeñas cosas de la vida, incluso cuando estoy con el agua por encima de mi calota y se me desordenan mis expectativas.

Para mi no es una pérdida de tiempo detenerme para mirar a mi perrita comiendo mientras un pequeño pájaro espera su turno sorbeteando el agua que a estas alturas pertenece a ambos. Desde aquí los miro con una taza de té y el infaltable cigarrillo, acompañada de la voz de Isabel Parra dedicada a Víctor jara, como en los viejos tiempos. Como si fuera la única imagen que mis ojos pueden ver, oir y sentir. Esto, sencillamente este escenario es imprescindible para mis días, para estar aquí.

Ahora quiero tomar una reponedora ducha tibia, tomar la mano de mi hija y salir por ahí a tomar un helado. No necesito nada más para liberarme de mis penurias. Ya veré después como sigo adelante, como me enfrentaré mañana a la universidad y sus tensiones, mis temores y angustias por terminar lo que comencé hace ya algún tiempo.

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