Alfonsina Storni

Cuando leo a Alfonsina, mi cuerpo se viste de sus sutilezas, de sus epitalamios, sus voces sus impresiones del mar.

Si visito la noche, incluso después de haber tomado mis píldoras, recupero mis esperanzas cuando leo el canto a sus niños: en la cuna, en sus risas, de los niños rubios, de los niños pálidos, de los niños muertos.

Admiro su sutileza en las distintas caras de la angustia, los odios y los olvidos.

Sus muertes (como morir en los campos), a veces también son las mías, sobretodo cuando percibo el ácido del abandono.

Y no se les ocurra que esto que escribo es un poema. Es solo una alegoría.

Besos miles.

Claudia

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